Angélica García Santa Olaya Ó
LAS FLORES DE ABU GHRAIB
I
Flor dormida de reflejos lacerantes,
sangre entrañable, savia vencida,
tus pétalos dormidos se apeñuscan,
se lamen, se consuelan,
apenas verdes hojas que marchitas
susurran la plegaria del caído.
¿De dónde, digo yo, esperas agua,
una caricia, una mano sin ortigas?
¿De quién si en la entraña demencial
no habita la luz que otorga vida?
No puedes apelar a tus iguales,
unos corren cegados por el oro
y otros, recién, son colocados al tablero.
Eres flor de piernas, antes hombre,
flor de hombros roídos por el odio,
flor sin ojos mancillada por la guerra,
tu tallo, doblegado pero intacto,
alimenta el cáliz del verdugo
y permanece.
II
Y tú,
flor de ceniza abonada con encono,
bebedora de semen infectado de locura,
brote aperlado de gusanos,
clonación fractal de los genéticos espasmos,
flor carnívora de putrefacto aroma
que bebe la tiniebla embotellada
y adereza con sangre su hamburguesa.
y así, frente a la mesa puesta,
muerde un dedo y saborea un pene,
hunde su lengua en el cáliz desflorado,
se relame, se persigna y duerme
soñando con cruz, misil y encapuchado.
Angélica García Santa Olaya
|